Cuando una mujer inicia un tratamiento de fecundación in vitro (FIV), una de las principales dudas es cómo responderá su organismo a la estimulación hormonal y cuáles serán sus probabilidades reales de éxito.
Tradicionalmente, factores como la edad, la reserva ovárica o el diagnóstico clínico han guiado las decisiones médicas. Sin embargo, en los últimos años ha cobrado relevancia un elemento adicional, el polimorfismo genético.
Estas pequeñas variaciones en el ADN forman parte de la diversidad natural entre las personas. No son enfermedades, pero pueden influir en cómo el cuerpo responde a los medicamentos utilizados en reproducción asistida, en la calidad ovocitaria e incluso en la implantación embrionaria.
¿Qué es un polimorfismo genético y por qué es relevante en FIV?
Un polimorfismo genético es una variación en la secuencia del ADN presente en al menos el 1% de la población. A diferencia de una mutación patológica, no implica necesariamente enfermedad. Puede tratarse de un cambio en una sola base del ADN (SNP) que modifica levemente la función de un gen o la cantidad de proteína que produce.
Cuando hablamos de genética y fecundación in vitro, no solo nos referimos al estudio cromosómico de los embriones, sino también al perfil genético de la paciente.
En reproducción asistida, estos cambios pueden influir en:
- La sensibilidad de los ovarios a la FSH y la LH.
- La respuesta a los fármacos
- El desarrollo folicular.
- La receptividad endometrial.
¿Cómo influyen los polimorfismos genéticos en la fertilidad femenina?
La fertilidad femenina depende del correcto funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-ovario y de la interacción entre ovario, óvulo y endometrio. Algunos polimorfismos pueden modificar estos procesos.
Respuesta ovárica
La respuesta ovárica se refiere a cómo reaccionan los ovarios ante la estimulación hormonal, ya sea en un ciclo natural o en un tratamiento de reproducción asistida como la FIV. No todas las mujeres responden de la misma manera, incluso cuando presentan edad y niveles hormonales similares. Parte de esta variabilidad puede explicarse por el polimorfismo genético.
El ejemplo más estudiado es el polimorfismo del gen que codifica el receptor de la hormona foliculoestimulante (FSHR). La FSH es la hormona responsable del crecimiento y maduración de los folículos ováricos.
Algunas variantes del FSHR pueden:
- Disminuir la sensibilidad del ovario a la FSH.
- Requerir dosis mayores de gonadotrofinas en FIV.
- Asociarse a menor número de ovocitos recuperados.
- Influir en los niveles de estradiol alcanzados durante la estimulación.
También se han identificado polimorfismos en el receptor de la hormona luteinizante (LHR), que pueden modificar la producción de andrógenos en el ovario y la calidad folicular. Estas diferencias pueden influir en:
- Maduración ovocitaria.
- Calidad embrionaria.
- Tasas de fecundación.
Reserva ovárica
La reserva ovárica representa la cantidad y calidad potencial de ovocitos disponibles en el ovario. Está influenciada principalmente por la edad, pero también por factores genéticos.
La hormona antimülleriana (AMH) es uno de los marcadores más utilizados para estimar la reserva ovárica. Existen polimorfismos en el gen de la AMH y en su receptor (AMHR2) que podrían influir en:
- Los niveles séricos de AMH.
- La velocidad de declive folicular.
- La respuesta a la estimulación.
Endometriosis y síndrome de ovario poliquístico
Tanto la endometriosis como el síndrome de ovario poliquístico (SOP) son causas frecuentes de subfertilidad femenina y tienen un origen multifactorial en el que la genética desempeña un papel relevante.
En ambos casos, los polimorfismos genéticos no actúan como causa única, pero sí pueden aumentar la susceptibilidad a desarrollar la enfermedad o influir en su manifestación clínica y en su impacto sobre la fertilidad.
En la endometriosis, se han identificado variantes genéticas relacionadas con la regulación de la inflamación, la respuesta inmunológica y el metabolismo hormonal. Estos polimorfismos pueden favorecer un entorno biológico más propenso a la inflamación crónica o a una mayor actividad estrogénica, factores que están implicados en el desarrollo de la enfermedad.
En el caso del síndrome de ovario poliquístico, los polimorfismos se han descrito en genes vinculados a la regulación hormonal, la acción de la insulina y la producción de andrógenos. Estas variantes pueden influir en el equilibrio endocrino y en la dinámica folicular, favoreciendo alteraciones ovulatorias.
Genética y fecundación in vitro: impacto en la implantación
La genética también puede influir en etapas posteriores del tratamiento. La implantación embrionaria requiere una interacción compleja entre el embrión y el endometrio.
Polimorfismos en genes de coagulación
Algunos polimorfismos genéticos pueden localizarse en genes relacionados con el sistema de coagulación y tener implicancias en el ámbito reproductivo, especialmente en casos de fallos de implantación o pérdidas gestacionales recurrentes. Estas variantes no provocan necesariamente trastornos clínicos evidentes en la vida cotidiana, pero en determinadas circunstancias pueden influir en la microcirculación uterina y en el adecuado desarrollo de la placenta en etapas tempranas del embarazo.
Entre los más estudiados se encuentran los polimorfismos asociados al factor V Leiden, la mutación de la protrombina (factor II) y ciertas variantes en el gen MTHFR, implicado en el metabolismo del ácido fólico. Algunas de estas alteraciones pueden favorecer un estado de hipercoagulabilidad leve, lo que podría afectar la correcta formación de los vasos sanguíneos en el endometrio o en la interfase materno-embrionaria.
Respuesta inflamatoria y receptividad endometrial
La implantación embrionaria no es un proceso pasivo, sino el resultado de un delicado equilibrio entre el embrión y el endometrio. Para que ocurra correctamente, el tejido endometrial debe encontrarse en un estado de receptividad óptima, lo que implica una regulación precisa de la respuesta inmunológica e inflamatoria. En este contexto, algunos polimorfismos genéticos pueden influir en cómo se modula esa respuesta.
Se han descrito variantes en genes relacionados con citoquinas y mediadores inflamatorios, como interleuquinas (IL-1, IL-6), TNF-alfa y otros factores inmunorreguladores, que podrían alterar la intensidad o duración de la respuesta inflamatoria local. Un nivel adecuado de inflamación es necesario para la implantación; sin embargo, una respuesta excesiva o insuficiente podría interferir en la interacción entre el embrión y el endometrio.
Conclusión
El polimorfismo genético constituye un factor adicional dentro del complejo escenario de la fertilidad. No determina por sí solo el éxito o fracaso de una FIV, pero puede ayudar a explicar diferencias individuales en la respuesta a la estimulación ovárica y en el desarrollo del tratamiento.
La evidencia científica respalda su utilidad en contextos específicos, especialmente en casos de baja respuesta o pérdidas gestacionales recurrentes. Su estudio debe ser siempre individualizado y guiado por especialistas en medicina reproductiva.
El futuro de la reproducción asistida avanza hacia una mayor precisión. Integrar la genética cuando corresponde permite optimizar estrategias y ofrecer un abordaje más personalizado, siempre bajo un enfoque ético y basado en evidencia.
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